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domingo, 26 de abril de 2026

Conversaciones con Lilia



Mi mama y su nieta Estefania


Un sábado, como hoy me viene a la cabeza, gratos recuerdos con mi madre, cargados de bondad y enseñanzas.


Dia del bautizo de Estefania con su abulita Lilia.



Tantas y tantas discusiones, desacuerdos, diferencias; nos llevaron a tener unos años muy cercanos ya en la senectud de la vida de ella,  nació mi hija Estefania, como solía dirigirse a ella, no pudo con el anglo Stephanie; la que la inspiró y sin ningún empacho a calificarme, me dejó saber que yo era el mejor papá de todos sus hijos..?

En Tocaima, llegaron sonriendo con un helado combinado de mora y leche, que le había comprado en el marco del parque,  donde Carlos y sus delicias que se hicieron famosos por hacerlos con agua Cristal; al saludo de un inquiriente  conocido  le preguntó: ¿De quién es esa niña tan bonita...?   Ella orgullosa le contó: "Es la hija de mi hijo menor, Gabriel..!"  a lo que él le comentó: “ Ud. de niña debió ser como ella,  es muy parecida a usted  y caminan igualito” añadió el larguirucho todero  que le hacía arreglos a su casa.


Del anterior diálogo, quien le comento que mi  primogenita  caminaba igualito a ella  –lo que se hereda no se hurta, recalcó –  sigue caminando, hoy día, muy parecida a como ella caminaba, eso le cayó mucho en gracia, era feliz llevándola  a las tiendas del barrio Batán donde vivía y la traía comprándole un yogurt de fresas, seguramente le preguntaba: "Qué quiere mijita..? " Y, ella le contestaba: “yo quiero 'yuyurt' abuelita" --como era en su media lengua la expresion del famoso lacteo con sabor a fresas, el mas pedido--.  Recuerdo perfectamente su imagen, un nublado día bogotano; yo buscándolas y ellas venían en la esquina pavoneándose… no la soltaba de la mano, embadurnada alrededor de su boquita y en la mano suelta un vasito que se leia Alpina, Je je…!


Rutinariamente,   la llevaba donde donde su abuela  <<no hay mejores cuidadores de niños que los abuelos>>  ahora, emulo mis pasajes y cuitas por la casona de Clementina y Agustin donde mis adorables abuelos;  ella era feliz con su nieta, lo que me reivindico e  hizo sentir muy querido y apreciado por mi mama con la que siempre tuve grandes tiempos.  


Especialmente, los días sábados como hoy, se la llevaba, temprano, bien arregladita,  la dejaba toda la mañana, inclusive, todo el día a veces,  hasta por la tarde que la mamá pasaba del trabajo y la recogiera, ella tenía y cogía más oficio, del que nunca renegó, ni pudo dejar de  cumplir sus labores acompañada de su clon caminante; se le notaba en la sonrisa de que le llevará a la niña y ella pudiera cuidarla y consentirla. 


Y, yo me desplazaba, tranquilito a la compra venta de vehículos en la autopista 121.


Sin descartar que ella tenía gran competencia contemporánea, por supuesto, pero la vida es así; me dio esas recompensas o revanchas.   Con gran cariño y admiración,  la recuerdo y la traigo a colación, casi sino todos los días de mi vida, en algún evento o comentario de ella, su forma de hablar, cocinar, adjetivar, hacía tal o cual cosa, por ejemplo, mi mamá y su sopa de plátano,  que nos fascina en esta casa, claro como ella había faltado, entonces,  a través de Aída rescatamos, el quid de  la receta, de como ella la preparaba,   la sopa  de  –plátano verde macho– ese producto tan caribeño y de tierra caliente,  nos contó  el ‘gran secreto’ o uno de los secretos es que los plátanos había que freírlos o sea hacer patacones y anexarlos al potaje, dejándolos que suelten su espesura. Fuimos criados a punto de plátano verde, pinton, maduro; el desayuno donde los abuelos era chocolate con pedazo de plátano --a mi solo me gusta de pinton pa' arriba, pero no siempre los habia-- a las brasas… Henry, lo reclamaba con un  “querro madurro enterro”, ji ji..!


Otro buen día, llegamos e inmediatamente le dijo a su adorada nieta: “Venga le doy algo”,  la llevó a la pieza  y de su closet, en sus escondrijos, saco unas moritas  – dulces que nos daban a nosotros tambien comprados en el LEY de los Alcázares –antes Los Ángeles– ella transmitía sus gustos a su  segunda generación también. 


En otra de sus visitas, casi  mecánicamente, la llevó para la pieza y le dio una ovejita de peluche desgastada y se la regaló, carácter que la bautizó 'Lulu' la cargaba de una oreja por todo el apartamento, se volvio su inseparable por una bella temporada y la acompañó hasta nuestra salida de Niza 9 hacia Miami, fecha de inflexion en nuestras mi vidas (Noviembre 28 de 1998) y no tuvimos la precaución de guardarla. Alguna de sus  primas conoció a la adjetivada Lulu..? Presumiendo o investigando su origen.


En la foto, anexada, luce Stephanie el vestido de bautizo, que ella se ofreció y exclamó: “Yo se lo compro”, con ayuda  de German, que la llevó a Unicentro a hacer la adquisicion.


Así, sucesivamente se desarrollan pasajes inolvidables, se transforman en recuerdos familiares que me hicieron  feliz y bendecido de mi mamá.






Seguimos…

olaya2300@gmail.com