Motor del progreso
Llegamos al Guamo, Tolima, a ver una finca que vendían y mi papa desde tiempo atrás estaba interesado en comprar un rancho ganadero, para cumplir otro de sus sueños e ir redondeando a la par su ingreso, pues siempre pensaba en las necesidades de su prole, refrescando memoria el calendario daría la vuelta en Enero del 79..
Íbamos 3 carros, en el R4, color zanahoria, a mando de Ernesto, de antemano ellos no irían con nosotros, sus obligaciones laborales los hacían devolverse esa tarde a la capital; mi papá viajaba con ellos, como en tantas otras ocasiones a distintas poblaciones cundinamarquesas y circunvecinas, en viaje de placer y trabajo de buscar un predio rural, Ernesto fue el que más secundo a mi padre en esta diligencia; sin ir resuelto a seguir con nosotros en la caravana, finalmente resolvio y se junto a nosotros.
El 2o. era el R12, color verde-azul indefinido en su tono dependiendo de la hora del dia, del sol, agua, reflejo que lo hiciera resaltar; se desplazaba como gran tiburón para la época y la familia, viajaban German, como conductor principal, mi papá, Hugo y Gabriela.
El 3o. un R6, azul clarito, de Clemencia, fue la segunda maquina (foto) lo presto para el periplo; Jaime fue el conductor asignado, -yo lo alternaba, mi mama, Esmeraldita (Perla); Maco, y Sergio, que se perfilaba como la raspa de los tíos (se intercambiaban entre los móviles) sus pasajeros- como dicen hoy día para otros menesteres; elogiado por Lilia, como buen chofer, aplomado, calmado.
Así, después de pasar la noche en esa finca, que no cumplía las expectativas de mi padre, era un terreno semi-plano sin agua corriente, había un aljibe y unos potreros con aspecto semidesértico; pero eso si, le sacamos la primera noche, pagamos con sangre la tarifa, donde nos permitieron acampar, se aproximaba el ocaso, el sol se ocultaba lejanamente en la sabana color y suelo rojo cobrizo; el relax fue amenizado por nubes de zancudos negrillos, más grandes que los populares, arroceros; no pudimos descansar ni conciliar el sueño, por la expectativa de arrancar hacia nuestro primer día de viaje, al despertar la aurora, apresuramos la despedida de ese paraje caluroso, picados por los bichos, iniciamos propiamente nuestra correría hacia la Costa Atlántica.
La tarde anterior, habíamos despedido a Ernesto y su esposa quienes regresaron a Bogotá y mi papá que venía en el coche de ellos, se integró a la comitiva de turistas; veo a mi padre de pantaloneta azul, camisa de nylon, primer botón desabrochado, montandose al carro delantero y ya arrancando saludandonos con la mano derecha y sonrisa de agrado; en el carro de atras ibamos con mi mama, Maco y Esmeraldita; recuerdo el gesto de mi mama -arrugando la boca hacia arriba y moviendo la cara en seña de negatividad -protestando- porque él se había juntado a la caravana; pero pienso para mis adentros esa era la forma de ser de ella y de expresar sus sentimientos, sin embargo, para sus adentros, creo, se sentía complacida y segura que él comandaba la expedición.
Encantados de dejar ese mosquital, la brisa que produce el placer de viajar, la visual del paisaje de clima cálido, entre los carros nos saludabamos en las curvas como se dice popularmente, estábamos pendientes, como es obvio, los unos de los otros y viceversa, en un paseo de esta magnitud; nos comunicamos con señas y a punta de pito; otra es la historia contemporánea con celulares a bordo.
Ya en el cruce desviando a la izquierda en el Espinal retomamos la ruta acordada buscando la capital musical; no sin dejar de comentar del lado de Lilia: 'Aquí en Chicoral, aprendió a caminar Clemencia', más adelante Gualanday y el comentario de los viajes de Lucia, a ese balneario; bueno estas anécdotas no recuerdo si fueron o no comentadas otrora, lo mas seguro si; pues siempre al paso de estos pie de carretera se mencionan notas de abordo.
Arribando a Ibagué no nos detenemos, avanzamos hacia Cajamarca, por un paisaje exuberante, húmedo y seguimos manejando, adentrándonos en la cordillera central, suavemente con pelota dominada, rugen los motores buscando La Línea, famoso alto, por sus curvas, altura sobre el nivel del mar, donde se han disputado vueltas a Colombia y premios de montaña de 1a. categoría donde muchos ciclistas han abandonado no solamente las etapas sino su carrera competitiva; el aire fresco, frío del cerro da un respiro y abrigarse un poco, es la recomendación materna, nos reparte dulces de moritas, cerrando ventanas, inclusive prendiendo la calefacción de las máquinas rodantes.
Después de coronar la cima, una parada técnica en un caspete callejero, que publicita 'queso con aguadepanela caliente', es fortificante, desentume las piernas; reanimados, nos deslizamos buscando Calarcá, población quindiana muy integrada a su capital, Armenia, pensado si pasar la noche ahí, o seguir a Pereira? Donde efectivamente en una caja de compensación nos permiten acampar los jóvenes y los mayores disfrutan de una cómoda cabaña.
La víspera de año nuevo, alrededor de las 8pm, unos de mis hermanos, va con una comitiva a buscar algunos víveres y artículos de aseo, y de paso darse una vuelta por la 'querendona, trasnochadora y morena', se desplazan en el R12 verdeazul, a un comercio cercano, ellos alcanzan a pasar y solo a su regreso a la posada advierten del accidente que había sucedido; pasaron unos instantes antes, cuando se oye un ruido estrepitoso, que nos ha pegado un abismal susto..? Otro vehiculo, conductor ebrio y acompanante en similar estado de alicoramiento, atropellaron a 2 ciclistas con saldo fatal; pudimos constatar, porque al totazo del choque salimos en necesidad de saber que había roto el solaz de la apacible morada, pero no era con nosotros por suerte, que alivio; aun recuerdo la actitud del borracho intentando prender el vehiculo encunetado, patinaban las ruedas, quemando la hierba, la gente se arremolinaba; nosotros volvemos al hospedaje cabizbajos pero tranquilos, esperando pronto el regreso de los nuestros.
Allí pasamos la noche y amanecemos descansados, salimos temprano, recuerdo pasar por Río Sucio, y efectivamente verlo de color oscuro, negruzco, y sin dificultad convalidar el nombre que toma la ciudad a su paso; seguimos manejando pensando en Medellín, disfrutamos el fresco aire con rafagas tenues de neblina, por la vía a La Pintada, se ven piscinas, fincas de recreo, ambiente de ocio y esparcimiento en las fincas veraniegas, lo relacionamos con Melgar como sitio de vacaciones de los paisas; se había acordado pasar de largo, claro observando el desarrollo y pujanza de la capital antioqueña, era media tarde, para seguir avanzando hacia nuestro intitulado destino: 'Playa, brisa y mar', parafraseando aquel famoso porro del soledeño Rafael Campo Miranda que invita a la danza.
Al atardecer, encontramos un municipio, bullicioso, con cantinas sin control de volumen, en el marco de la plaza, forasteros, ventas ambulantes, que nos impulsó a acelerar y seguir de largo, sin olvidar su particular nombre que nos recordaba otra muy familiar para nosotros del interior y es Girardota; con un singular punto de referencia, impresionante en el aviso de una funeraria: 'El Otro Mundo', establecimientos que siempre han causado en mí cierta aversión o temor al más allá.
Nuestra expedición, pernocta a orilla de carretera en un parador campestre, alejado del mundanal ruido, como suelen coloquialmente comentar los oficinistas; amaneciendo recuerdo a mi mama , cocinando desayuno para todos en una estufa de gasolina que llevamos para la ocasión, preparando huevos pericos, chocolate y pan, repartiendonos con la practicidad y seguridad que apreciamos en ella.
En estas jornadas de manejo, se hablaba o se comentaba cómo era uno de los verbos preferidos de mi mamá, de los abuelos, de la casa de Tocaima que en esta correría no recuerdo haber hecho escala ahí y plácidamente se iba desplazando la caravana por las sabanas costeñas de Valdivia, Caucasia, Planeta Rica, Montería y mi padre señalaba con su mano derecha que miraramos, cuando veía lotes de reses en esas haciendas de Córdoba y del Bajo Sinú, pronunciando la palabra: ' Ganado'; disfrutando de la brisa y la interacción de sus hijos, pelando par naranjas, dando ejemplo y soñando su próxima partitura.
Había oscurecido una hora antes, la brisa marina, su olor salobre, viento fresco y suave se percibe e incita a nombrarla agradeciéndole su presencia; hemos alcanzado nuestro primer punto con la playa, arribamos a Coveñas sin darnos cuenta, alguien nos orienta y llegamos a una posada titulada 'Villa Raque', rememorando a una de las parientes de mi madre. En fin, ahí nos instalamos por los próximos días, como buenos veraneantes, al otro día disfrutamos al desayuno, posta de bocachico frito con patacón, que delicia..!
German, lleva alzada en los brazos a Maco, de espaldas, previamente la ha preparado, le coloca una pañoleta, tapándole los ojos, la vira y le presenta el mar en su dimensión, ella sonríe y desplaza su mirada al horizonte...
Siguen ahí en su explicación, juegan con la arena y el agua marina, etc. Acto seguido al agua patos y descubrimos que el mar es pandito, la temperatura no es tibia, tirando a fría fresca, sensación subjetiva; hay turistas lejos, adentro, lo cual nos llama la atención, unos 100 ms. o más, quizá..? A lo cual siempre con precaución exploramos y disfrutamos al mejor estilo cachaco.
Vamos al pueblo y buscamos los 'sanandresitos' y descubrimos unos cigarrillos en empaques plástico circular, en tipo mermelada, color negro, a precios asequibles y se convierten en el humo del viaje, guarde por mucho tiempo su pote como
souvenir pero hoy la memoria no me da para recordar su nombre, de las cosas raras que hice pues además éramos muchachos y no teníamos esos vicios secos, creo ahí fue cuando fume con más frecuencia en mis años mozos. Desde Florianópolis, me llega este valioso aporte: "Tio se olvido de mi. y los cigarros eran Jonh Player special.JPS" [sic].
Seguimos nuestra correría por la costa, escuchabamos musica tropical, -'Carmen, se me perdio la cadenita...' en el vozarrón del indio Pastor-, los motores prendían después de chequeos previos al inicio de la jornada; por las carreteras de Bolívar arribamos a Turbaco y finalmente Cartagena de Indias, donde vamos de visita donde Agueda, esposa del mas querido amigo de mi padre, conocido por todos nosotros por su amabilidad, sus personalizados marconis en el cumpleaños de cada uno y mantequilla salada en frasco de vidrio que se dejaba degustar en Marzo; cuando arribaba a la Asamblea de la SAYCO, Nicolas Hernandez Cabarcas, representante en el corralito de piedra.
Saliendo por la Boquilla, tomamos carretera, donde ya la brisa marina impone su ritmo, subir las ventanillas, buscar y preguntar por Luruaco, origen de la arepa de huevo; parada obligada, recordando nuestro primer periplo familiar en vacaciones pasadas.
Barranquilla, se asoma, con su calor que emana de las calles y de las costeñas puras del Caribe, convirtiéndose en la siguiente metrópoli de la travesía por las 3 perlas de la arena; las emisoras de radio se dejan escuchar en los
pickups y en los parlantes de los carros, dibujando la silueta que está en la Arenosa; sin más, la ruta nos lleva al puente Pumarejo, que espectaculo pasar manejando carro por esa obra civil, majestuoso, imponente, -Me recordó mi primer viaje a la misma costa, con mi papás, hermanos, abuelos, primos, similar excursión en Dic/64, Aida fue la co-directora de aquella correría, quien se perfilara como turista permanente y promotora de peregrinajes; en tren a Santa Marta y en sentido contrario atravesamos el río en ferry- hoy lista a ser renovada por otra con mayor altura para permitir el paso de buques de mayor calado a Puerto Colombia y a la navegación por el río de la Magdalena, como quiso mi papá volver a revivir, cuando por ahí viajaba en su época dorada y la Sociedad de Autores se consolidaba.
Al terminar del puente, más tranquila se avecina la isla Salamanca, los vientos marinos hacen vibrar los carros, coger duro el timón, es el comentario en la cabina, bajar velocidad y leguas adelante, avizorar Santa Marta, donde ya se apreciaban construcciones altas sobre la playa; en la vía principal observamos un aviso que dice: 'Los Mangos, camping', dicho y hecho, averiguación y posada a la vista; es como a una cuadra de la playa, descanso comida, baños, sitio de camping, ya el viaje se ha presentado sin mayor contratiempo y cumpliendo expectativas; todo va sobre ruedas, conociendo, manejando, degustando arroz con coco, pescado frito.
Al dia siguiente mi papá, nos tele dirige al Parque Tayrona, vaya que riqueza cuasi virginal, aún se puede palpar, senderos, cocoteros, bravo oleaje impacta al tropezar contra piedras pleistocénicas, desprevenidamente caminamos por entre palmeras y como si pareciese un cuento inventado, un coco cae y le pega exactamente en el antebrazo a Esmeralda, apenas un raspón y moroncito, tiene su ángel y podemos contar la anécdota, yo iba unos pasos atrás; miramos hacia arriba escudriñando de donde cayó..? Pero nada, seguimos asombrados del episodio. Contamos y es de no creerlo.
Nuestro periplo costero, va llegando a orientar la mirada hacia el retorno. De madrugada, cogemos los carros, con el sabor y placer de conducir, ir en carro por Colombia es una gran aventura, es un deleite. Nos disponemos a buscar la ruta de regreso en camino a Aguachica, pero vamos bien de tiempo; cigarrillos abordo, música chucu chucu , Lilia complacida con sus frutos, viéndolos crecer y madurar; viajó tranquila y feliz, reflejando sosiego y regocijándose de la rutina.
Luego de recorrer la recta más larga de las carreteras, 52 kilómetros, mucha cabrilla; se vislumbra Bucaramanga, entre unas carreteras curvilíneas y remontando una loma, diría de topografía mediana; llegamos oscureciendo, a la ciudad bonita, mi padre como abanderado, pregunta y lo dirigen a un monasterio donde pasamos una estupenda noche, en un salon grande como un galpón, con camarotes para seminaristas y lo mejor, no nos cobraron, vea Ud. la bondad de los purpurados.
Vamos llegando a nuestro ultimo dia, y la plata se ha ido gastando, los bolsillos delgados, la piel tostada, los del R6, ven cadavérico su marcador de gasolina, los hermanos mayores solucionan; Ventaquemada a la vista, tipo 4 de la tarde, arepas con aguadepanela son nuestro último refrigerio de viaje, y por la autopista Norte vamos entrando a Bogotá, los dos Renault se han portado como unos caballeros; fue un formidable paseo familiar, inolvidable..! El monumento a Los Héroes anuncia la cercanía y desplazarnos por calles conocidas es una mogolla, vamos llegando a la casa paterna en los Alcázares.
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